Tejidos Filito – Filomena Baez

Filomena Baez: La Guardiana del Fogón y la Fibra

Hay saberes que no se aprenden en libros, sino con los pies descalzos en el río y las manos en la tierra. La historia de Filomena Baez es un tejido vivo de la cultura Huilliche en la costa de Hualaihué.

Nacida en Caleta El Manzano (Punta Quebraolas), séptima de once hermanos, su formación comenzó en la «escuela» más exigente y amorosa: la cocina fogón de su madre. Allí, mientras esperaban las tortillas al rescoldo y escuchaban historias de los ancestros, aprendió que el hilo no es solo lana, es memoria. «Recuerdo el agua fría del río donde pisábamos los vellones para sacar la suciedad… y a mi madre con el huso enseñándonos a hilar», relata con emoción.

Su artesanía nace de una necesidad vital: abrigar a los suyos contra la «mar helada». Sus primeros tejidos fueron chombas y calcetines gruesos para su padre y hermanos pescadores. Pero su talento no se detuvo en la lana; también domina el arte de la cestería, creando piezas utilitarias que han servido por generaciones para cosechar papas o mariscar ajos.

Hoy, a sus 56 años y tras haber criado a 4 hijos gracias a este oficio, Filomena lleva su cultura como estandarte. «Soy mujer sureña y mapuche por descendencia y crianza», afirma. Cada pieza que sale de sus manos —sea un canasto de manila o una frazada a telar— lleva impregnada la fuerza de una mujer que transformó la necesidad en arte y la tradición en su sustento.

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