Maricel Parra (Tejepereje): La Vida Nueva que Nació de la Madera y la Lana en Hornopirén
Dejarlo todo. Esa fue la decisión de Maricel Parra y su pareja. Cansados de la rutina en Santiago, partieron al sur buscando «un lugar que les ofrezca una vida nueva». Recorrieron hasta Chiloé, pero nada se sentía como su hogar.
Justo cuando pensaban rendirse y volver a la capital, sonó el teléfono. Una sobrina les ofreció una cabaña en Hornopirén. Fue llegar y conectar al instante; se enamoraron del lugar.
Aterrizaron hace tres años «solo con la ropa» y buscando trabajo, pero la realidad fue dura. El primer año fue «muy complicado» en lo económico. Maricel intentó generar ingresos como vendedora ambulante de artesanía industrial, pero chocó con un muro: al no ser productora, no la dejaban unirse a las agrupaciones locales ni participar en las ferias.
Esa traba fue el empujón para crear «tejepereje». Alguien les sugirió hacer souvenirs. Su marido se manejaba con la carpintería y ella tenía puras ganas de aprender. Empezaron con lo básico: despuntes de madera y pirograbados. El taller creció «de a poco». Con esfuerzo compraron una sierra de banco y, cuando la cosa repuntó, sumaron un torno y una grabadora láser.
El cambio más grande fue para Maricel. Hoy le agradece a la Red de Artesanos, donde confiesa que le «han enseñado muchísimo». Esta profesional de ciudad aprendió a usar herramientas eléctricas, descubrió la cestería y se metió de lleno a tejer.
«Tejepereje» es el resultado de esa apuesta. Un taller familiar donde el láser sobre madera nativa se mezcla con el crochet, demostrando que la vida que buscaban la terminaron construyendo con sus propias manos.








